Como ya sabemos el cerebro y el sistema inmunológico tienen un estrecho vínculo bioquímico. La neuroinflamación es una respuesta inflamatoria dentro del sistema nervioso central (SNC), mediada por la producción de una variedad de factores, que incluyen citoquinas, quimioquinas, especies reactivas de oxígeno (ROS) y otras moléculas secundarias. Estos factores mediadores son producidos por la glía ubicada dentro del SNC, así como por células endoteliales y células inmunes periféricas.
Históricamente, el cerebro se consideraba un órgano inmunológicamente privilegiado, ya que la barrera hematoencefálica (BHE) impide que las células inmunitarias periféricas entren en el cerebro. Sin embargo, este concepto ha sido revisado. Se puede iniciar una respuesta inmune innata en respuesta tanto a patógenos (infecciones) como a daños dentro del SNC. Las células gliales, la microglía y los astrocitos constituyen los componentes principales de la respuesta neuroinflamatoria y su activación se correlaciona con la actividad inmune periférica.
Pero de que estamos hablando?: Las células gliales son células del tejido nervioso y son esenciales ya que tienen varias funciones como dar soporte mecánico a las neuronas, formar tejido cicatrizal después de lesiones cerebrales, eliminar residuos después de la muerte celular, etc. Hay varios tipos de células gliales o neuroglía: astrocitos, oligodendrocitos, células gliales radiales y microglía.

En condiciones normales, la microglía y la astroglía participan en la protección del parénquima cerebral (del cerebro completo) para mantener el equilibrio, eliminar el glutamato y remodelar y reformar las interacciones neuronales. También fagocitan (comen) neuronas dañadas y promueven la reparación de tejidos. Los astrocitos limpian los desechos del líquido cefalorraquídeo y ejercen una función neuroprotectora. Las células gliales tienen funciones beneficiosas y antiinflamatorias en condiciones tanto fisiológicas (normales) como patológicas, como fagocitosis, liberación de esteroides, limpieza de radicales libres y reparación celular.
Por tanto, la lesión cerebral puede ocurrir cuando se establece un desequilibrio entre la regulación de las funciones antiinflamatorias y proinflamatorias. Es ahí donde nuestro cuerpo intenta sostenidamente en el tiempo mantener a nuestro sistema nervioso sano.
Otros actores son la microbiota intestinal y sus metabolitos asociados que pueden influir en la neuroinflamación a través de interacciones entre el SNC y el intestino a través del “eje microbiota-intestino-cerebro”.
REPASANDO: La microbiota intestinal es un ecosistema complejo formado por múltiples nichos ecológicos de microorganismos, principalmente bacterias, pero también están presentes hongos y virus. Estos microorganismos establecen una simbiosis mutualista con el ser humano. Una alteración del sistema inmunológico y cualquier alteración de la relación simbiótica entre la microbiota intestinal y el ser humano pueden provocar un aumento de la permeabilidad de la barrera epitelial intestinal, facilitando así el pasaje de bacterias de un sitio en el que deben estar hacia uno que no les corresponde (translocaciónbacteriana). Las bacterias, los compuestos microbianos, como los lipopolisacáridos, y los metabolitos se transfieren desde el intestino al torrente sanguíneo y viajan a otros tejidos, incluido el cerebro, provocando inflamación local. Además, los estudios sugieren que el microbioma intestinal ejerce su función modulando los procesos neuroinflamatorios en el SNC.
Varios elementos ambientales y de la dieta pueden modificar la comunicación bidireccional entre el intestino y el cerebro, provocando una transformación en la microbiota intestinal y, en consecuencia, influyendo en el sistema inmunológico.
El cerebro controla el intestino a través de la liberación de hormonas, a través del eje hipotalámico-pituitario-suprarrenal (HPA) y a través del sistema nervioso autónomo (SNA) asistido por la médula suprarrenal y la liberación de catecolaminas. O sea que el estrés agudo y cronico siempre impacta en nuestro intestino y cerebro. Las citoquinas proinflamatorias son potentes estimuladores del eje HPA. Los mediadores neuroinflamatorios conducen a la activación del eje HPA y del sist nervioso autónomo..
El eje microbiota-intestino-cerebro (MGB) se desarrolla al nacer, con la colonización de la microbiota intestinal, y se desarrolla rápidamente durante las primeras etapas de la vida. El MGB puede verse alterado por varios factores, incluida la exposición a sustancias dañinas como los medicamentos, que pueden alterar el equilibrio microbiano intestinal y provocar cambios en el sistema inmunológico y el comportamiento relacionados con trastornos del desarrollo neurológico. También se informó que la administración de antibióticos durante la vida neonatal produce daño a los oligodendrocitos, deterioro de la mielinización en la CPF y déficits de comportamiento. Este escenario encaja en el contexto de disbiosis de la microbiota intestinal en la edad adulta.

Las funciones realizadas por la microbiota intestinal incluyen funciones metabólicas, protectoras y estructurales. La microbiota intestinal puede metabolizar moléculas biológicamente activas de los alimentos, que participan en múltiples funciones. Entre los diferentes metabolitos producidos por la microbiota intestinal, se encuentran los metabolitos del triptófano, los ácidos biliares secundarios, las vitaminas, los ácidos grasos de cadena corta (AGCC) y el butirato. El butirato representa una importante fuente de energía para los colonocitos al estimular el recambio y la diferenciación. Cada vez hay más evidencia que respalda la idea de que el butirato participa en procesos beneficiosos en el cuerpo, incluido el cerebro.
En particular, el exceso de butirato que no se utiliza en el colon o el hígado puede transportarse al SNC, donde tiene efectos neurológicos positivos. De acuerdo con estos hallazgos, se informó que la administración oral de butirato restablece los estados depresivos y ansiosos inducidos por agentes quimioterapéuticos en ratones, y estas condiciones se relacionaron con respuestas neuroprotectoras y antiinflamatorias.
El microbioma intestinal es fundamental para mantener el desarrollo neuronal y la mielinización en el cerebro. Muchos estudios han demostrado que las alteraciones en la composición de la microbiota intestinal están relacionadas con condiciones clínicas, incluidas la enfermedad intestinal, la Esclerosis multiple, Enf de Parkinsony otros trastornos neurodegenerativos. La relación entre la microbiota intestinal, la inmunidad y el SNC proporciona evidencia de que el funcionamiento neurológico e inmunológico del cerebro puede verse afectado por metabolitos o derivados de la microbiota intestinal. En consecuencia, ciertas cepas bacterianas, como los probióticos, pueden combinarse con tratamientos tradicionales para restaurar la microbiota y potencialmente aliviar los estados inflamatorios y neuroinflamatorios.
RESUMIENDO:
Ante situaciones de estrés, tratar de mantener una alimentación equilibrada, variedad de vegetales, evitar los edulcorantes y alimentos ultraprocesados.
En manejo del estrés es mandatorio abordar el intestino para preservar al órgano mas egoísta que existe, nuestro cerebro.
Por favor no tomen la palabra egoísta como algo negativo, piensen que sin nuestra CPU no vivimos. El cerebro es soberano! Viva el Rey!!.
Con amor, Luqui.-


